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Foto: Juan A. Olmeda

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ene 26

EL JARDIN JAPONES: EMOCION Y SIMBOLISMO

Federico Grande Pinilla

Federico Grande Pinilla

 

El jardín japonés: emoción y simbolismo. El jardín japonés es una expresión profunda de la relación entre el ser humano, la naturaleza y la espiritualidad. 

El sintoísmo, la religión originaria de Japón, se basa en la veneración de los kami, que son espíritus o deidades presentes en la naturaleza, montañas, ríos o árboles, en los antepasados y en fenómenos naturales. Muchos santuarios sintoístas están rodeados de jardines cuidadosamente diseñados. El jardín actúa como un espacio de transición espiritual antes de llegar al santuario. El torii, la puerta sagrada tradicional, marca la entrada a un santuario sintoísta, indica el paso del mundo profano al mundo sagrado. El Monte Fuji es considerado uno de los lugares más sagrados de Japón, venerado como una deidad en sí misma. Representa la belleza, la pureza y el poder destructivo y creador de la naturaleza. En su entorno hay numerosos santuarios con jardines que lo integran como un elemento propio y como kami a adorar.

El jardín, presente en casas, santuarios sintoístas y templos budistas, parques y castillos, tiene como objetivo principal la representación simbólica de la naturaleza idealizada y la creación de un espacio para la contemplación y el equilibrio interior. Cada elemento es elegido y dispuesto con una intención precisa. El agua, ya sea real como estanques o arroyos, o representada mediante grava rastrillada, simboliza la vida, la pureza y el fluir del tiempo. Las rocas, que evocan montañas o islas, representan la estabilidad espiritual. La vegetación cuidadosamente seleccionada según su significado y estacionalidad, incluye diversas especies de pinos, arces, bambú, musgo y cerezo, que aportan color, textura y simbolismo a lo largo del año. La arquitectura en el jardín japonés no domina el paisaje, sino que se integra con él. Elementos como puentes, senderos, linternas de piedra, vallas, pabellones y casas de té cumplen funciones estéticas, simbólicas y prácticas.

El jardín japonés está profundamente influido por el sintoísmo, el budismo zen y la estética del wabi-sabi, que valora la belleza de lo simple, lo imperfecto y lo efímero. Esta filosofía se manifiesta especialmente en el tratamiento del paso del tiempo, visible en la madera y el muro envejecido, la piedra cubierta de musgo y la aceptación de las hojas caídas como parte natural del diseño. 

Un caso muy singular de jardín son los jardines de piedra, íntimamente ligados a la filosofía del budismo zen. En ellos, cada elemento tiene simbolismo y función meditativa. El jardín intenta capturar la esencia del paisaje natural de manera abstracta. La grava o arena rastrillada son el agua, las olas o corrientes, están dispuestas cuidadosamente para inducir equilibrio y tranquilidad simbolizan el flujo de la vida, la impermanencia y la serenidad. Las rocas y piedras son montañas o islas que representan la fuerza de la naturaleza. Contemplar el jardín es una forma de disciplina zen, se cultiva la paciencia, la observación y la armonía. Permite contemplar el mundo natural a escala y comprender las leyes universales de equilibrio y simplicidad.  Un jardín zen de piedra es ordenado, simple y profundo, diseñado para tranquilizar la mente y ayudar a la contemplación espiritual. Es mundialmente conocido el templo Ryoan-ji de Kioto y su jardín zen de piedra.

También lo es el pasear por el bosque de bambú de Arashiyama en Kioto, famoso y especial por su altura y densidad del bambú, que pueden llegar a 20 metros de altura, formando pasillos verdes impresionantes.  La densidad de los tallos crea un efecto visual casi mágico, como si caminaras dentro de un laberinto natural. El Sonido del viento cuando pasa por los bambúes, produce un sonido particular, el shosei o “el sonido de la vida”. En Japón, los bambúes se asocian con protección espiritual, ya que se cree que ahuyentan los malos espíritus. Caminar por este bosque puede verse como un viaje interior, un momento de reflexión y conexión con la naturaleza.

Es una costumbre muy arraigada y popular en Japón la contemplación del follaje otoñal, el momijigari. Los árboles, especialmente los arces, los ginkgos y otros, se tiñen de rojos, naranjas y amarillos vibrantes lo que invita, a través de la emoción estética, a la meditación y a disfrutar de la naturaleza, reforzando la idea de la transitoriedad de la vida y ofreciendo una experiencia sensorial marcada por la luz suave, los colores contenidos y el silencio. 

En conjunto, el jardín japonés es un diálogo silencioso y emocionante entre naturaleza y arquitectura, concebido para la meditación, la contemplación y la conexión espiritual, donde cada elemento tiene un propósito y contribuye a la armonía del conjunto.

Japón, diciembre de 2025

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